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Red de conservación de la Biodiversidad
en República Dominicana

Bosque de Manglar

Manglar de la Laguna de Oviedo (Pedernales - República Dominicana)

Un ecosistema crítico vital para nuestra isla

El bosque de manglar es uno de los ecosistemas más productivos del planeta aunque también es uno de los más amenazados. La República Dominicana cuenta todavía con una superficie de 293.16 km2 de manglares en sus costas, lo que corresponde al 0.61% de su territorio. Debido a la importante biodiversidad que alberga, constituye un ecosistema irreemplazable y único.

Una de las principales razones para su desaparición en los últimos años ha sido su destrucción para fines turísticos, su tala para la explotación de la madera y la minería… La gran mayoría de las personas desconoce la importancia que tiene este ecosistema, tanto para nuestra protección ante catástrofes como por su importancia para la vida de muchas especies. Sólo cuando seamos realmente conscientes de los beneficios que nos aporta, estaremos en condiciones para protegerlos como se merecen.

El bosque de manglar es uno de los más complejos ecosistemas a nivel biológico del planeta. Su nombre viene del guaraní y significa “árbol retorcido”. Este bosque está dominado por árboles leñosos llamados mangles y se ubican en litorales tropicales de suelo plano y fangoso y aguas tranquilas (estuarios, bahías, ensenadas, lagunas costeras, etc.).

Los manglares están adaptados para vivir en suelos con agua salada, pobres en oxígeno e inestables. Por estas características se desarrollan donde pocas especies pueden crecer y nos brindan multitud de servicios ecosistémicos fundamentales para nuestra sobrevivencia.


Arroyo Salado, Oviedo (Pedernales - República Dominicana)Manglar: servicios ecosistémicos


En primer lugar, hay que destacar que los manglares son filtros biológicos (retienen sedimentos, filtran las sales y el exceso de nutrientes…). Por eso se les llama “riñones de la tierra”. Esta capacidad de captación de nutrientes los hace sitios de crianza ideal: muchos peces pasan sus primeras etapas de desarrollo en este ecosistema donde encuentran alimento y protección para escapar de sus enemigos naturales.

Por ello, se les considera refugio para la anidación y la alimentación de muchas especies: sobre sus raíces crecen pequeños organismos como algas, esponjas, corales, anémonas, ostras, camarones que sirven a su vez de alimento a peces, cangrejos, estrellas de mar, caracoles y al ser humano.

Son además, paisajes naturales turísticos de gran belleza que albergan multitud de especies endémicas. Las copas de sus ramas aportan sombra y enfrían de manera natural el ambiente. Asimismo, funcionan como depósitos de agua evitando que las tierras de cultivo se salinicen con el agua del mar.

Iguana sobre manglar de la Laguna de Oviedo (Pedernales - República Dominicana)Por otro lado, al mismo tiempo que forman suelos, enriquecen las aguas costeras, sustentan las pesquerías y funcionan como pulmones del medio ambiente produciendo oxígeno y asimilando CO2. Su productividad neta de carbono es de 110 kg por hectárea/día, por lo que son considerados como fábricas de carbono.

Hay que destacar que como el carbono se acumula en la vegetación y los sedimentos, la destrucción tanto de manglares como de humedales incrementa el carbono atmosférico contribuyendo al calentamiento global. A escala mundial, los bosques de manglar capturan CO2 más rápido que los bosques terrestres y lo almacenan principalmente en el sedimento.

Por último, son una barrera natural que protege las costas de la erosión de las olas, de tormentas y huracanes, protegiendo la línea costera. Esta protección es fundamental para países como la República Dominicana cuya industria turística se basa principalmente en el atractivo de sus costas y playas.

Su importancia para la captación de CO2 y su rol en la protección de las costas, convierten este ecosistema en un aliado perfecto para la lucha contra el cambio climático que ya afecta de forma mucho más directa a Estados isleños como el nuestro.

Manglar de la Laguna de Oviedo (Pedernales - República Dominicana)Manglar: amenazas


A pesar de todos estos servicios ecosistémicos que nos brinda, el bosque de manglar es uno de los ecosistemas más amenazados del mundo. Los manglares están desapareciendo a una velocidad vertiginosa por el uso abusivo de sus recursos. Una de las principales razones de su desaparición es el cambio de uso del suelo. Su ubicación en lugares costeros lo convirtieron en el enemigo número uno de la industria turística. Este tipo de bosque se tala a menudo para construir obras de diferente índole tanto turísticas, como obras de desarrollo urbano, puertos y muelles.

Asimismo, la tala indiscriminada de estos árboles supone una constante amenaza ya que fragmenta el ecosistema haciéndolo más vulnerable. El carbón de mangle rojo es muy apreciado por la población local dominicana para la elaboración de platos tradicionales, por lo que este recurso es explotado de forma indiscriminada y constante para su extracción.

Manglar de la Laguna de Oviedo (Pedernales - República Dominicana)Otra grave amenaza para el equilibrio de este ecosistema es la contaminación provocada por las actividades agrícolas y urbanas que contaminan las aguas tanto dulces como saladas en las que se desarrolla. Asimismo, las construcciones de canales, diques o presas en las cuencas que lo alimentan y  el avance de la frontera agrícola y ganadera provocan modificaciones profundas y lo hacen más vulnerable.

Sin embargo, en la actualidad una de las mayores amenazas a nivel mundial es la instalación de la industria camaronera, que cría en estas zonas los langostinos tropicales que se exportan a países desarrollados. La tala de extensas áreas de manglar para instalar piscinas de cría de langostinos es el principal problema que genera esta industria, cuya actividad ha motivado la desaparición de más de un millón de hectáreas de manglar en nuestro planeta. Afortunadamente, este elemento aún no es una amenaza para los manglares de la República Dominicana.

Por último, tanto la falta de recursos financieros y técnicos para su manejo y monitoreo como el desconocimiento de su importancia hacen que su supervivencia esté seriamente amenazada.

Si la destrucción de los manglares continúa, además de la pérdida biológica y ecosistémica que esto supondría, acarrearía también consecuencias graves para las personas de las zonas costeras que dependen de estos ecosistemas y sus servicios para su bienestar. Debemos ser conscientes de la riqueza natural que estamos destruyendo.

 

 

Por: Cristina Iglesias