Page Title
Red de conservación de la Biodiversidad
en República Dominicana

Reserva privada el Zorzal (II)

Río de la Reserva Privada el Zorzal (República Dominicana)

Plan Vivo: pago por servicios ambientales

Pero esta aventura todavía va mucho más allá. Como decíamos al inicio, otro componente novedoso de esta iniciativa pionera ha sido el desarrollo del primer plan de pago por servicios ambientales en el Caribe: el Plan Vivo. Una experiencia que tampoco ha sido sencilla de poner en práctica pues tampoco existían proyectos de este tipo en el país. En este caso la puesta en marcha de un pago por captura de carbono forestal.

El primer reto fue crear un fondo: el Fondo Zorzal, que garantizara el pago de estos servicios a las personas interesadas. Esto se inició con un fondo semilla de 2,500 US$ del Vermont Center Ecostudies. Helados Bon se unió a esta iniciativa con la creación del sabor Choco-Maple. Se diseñó una campaña publicitaria para promocionar la venta de este helado que promovía la protección del Zorzal de Bicknell: un ave, dos mundos. El mundo del cacao caribeño y el del maple de Norteamérica. El 5% de la venta del helado alimentó el Fondo Zorzal.

 

La certificación

Panorámica de la Reserva Privada el Zorzal (República Dominicana)Sin embargo, para poder vender bonos de carbono se necesita tener un certificado internacional, con el que no se contaba aún. Tampoco se disponía de experiencia en esta parte, por lo que se contrató a una empresa consultora para que asesorara al respecto.

Los consultores aconsejaron entrar en el estándar de certificación de Plan Vivo: una organización inglesa que permite crear un plan de venta de servicios ambientales. Admite empezar con proyectos pequeños, y no sólo trabajar con compensaciones por bonos de carbono, sino también de otro tipo de servicios como biodiversidad o servicios hídricos.

Se inició la dinámica de certificación por esta organización y una vez que se obtuvo se pudo empezar otro proceso: diseñar el sistema de plantación para recuperar el bosque natural, pero con un enfoque de optimizar la captura de carbono. Con la colaboración de unos especialistas costarricenses se diseñó una plantación de árboles a diferentes alturas o doseles, con la idea de crear artificialmente la estructura de un bosque real, con plantas propias de la zona.

Una vez que se contó con el fondo, la certificación de Plan Vivo, el diseño de las plantaciones, la disponibilidad de plantas con Quisqueya Verde y gracias a la sensibilización que se había estado realizando con los productores de la zona, se pudo iniciar el proceso de la firma de compromisos con los productores que estaban interesados en formar parte de este Plan Vivo.

 

Sembrar árboles para capturar carbono

Recuperación de bosque en  la Reserva Privada el Zorzal (República Dominicana)La idea es sencilla: un productor se compromete a sembrar y mantener cierto tipos de árboles en una proporción determinada de su terreno. El programa se compromete a proporcionarle las plantas y él tiene que encargarse del mantenimiento y de la reposición de las que se pierdan. Al cabo de un año recibirá un pago por esa siembra cuando esté establecida.

Sin embargo, cuando se iba a iniciar el proceso apareció una primera dificultad que parecía insalvable. Muchos pequeños productores, que querían iniciar con el Plan Vivo, no disponían de título de tierra que probara que era de su propiedad. Este obstáculo se pudo salvar partiendo del hecho que el Ministerio de Medio Ambiente avala y legitima el que una persona siembre en un terreno y le da el derecho a corte por lo que sembró, independientemente de que tenga título de la tierra o no.

Al y fin y al cabo, el acuerdo que se hace con Plan Vivo es un acuerdo de captura de carbono, no de tierras, por lo que igual que el Ministerio legitima la propiedad de esos árboles para corte, la legitima para la captura del carbono, es decir,  “si usted es el propietario de esos árboles que crecieron ahí, entonces es propietario del carbono que ese árbol va a captar”.

Aunque llegar a esa conclusión no fue nada fácil, conseguirlo facilitó la entrada al Plan Vivo de pequeños propietarios de tierra sin título. Propietarios como Gilberto de la Cruz, que destina 10 tareas para la conservación y la captura de carbono de las 60 tareas que posee. Gracias al proceso de sensibilización, ha querido aportar su granito de arena para el bienestar futuro de sus hijos y nietos. Esas 10 tareas no le aportarán un gran capital, pero es una contribución ambiental para las futuras generaciones.

Y cada granito de arena se valora en toda su dimensión. La filosofía es atraer a las personas explicando que las tierras ociosas que tienen en su predio, que no están produciendo nada desde hace años, si las siembran de árboles y les dan mantenimiento para que prosperen, le empezarán a aportar algo, a partir del primer año.

 

Choco-carbono

Blue Bandana empresa chocolatera socia de la Reserva Privada el Zorzal (República Dominicana)Por otro lado, otro reto era que ese Fondo Zorzal que existía fuera también auto sostenible. Si ese fondo no se alimenta de forma continua se agotará al cabo de unos años. Y aquí entra de nuevo la importancia de una especie como el Zorzal que une dos mundos: Norteamérica y el Caribe. El equipo promotor del proyecto viajó a Boston y Vermont, y se puso en contacto con empresas chocolateras norteamericanas, para venderles cacao orgánico de la Reserva con toda la historia de conservación que conlleva.

Con la experiencia de la campaña del choco-maple ya a sus espaldas, vender la historia fue pan comido. Varias empresas se interesaron por la historia y por el producto: Chocosol (Toronto, Canadá), Dandelion (San Francisco, California) y Blue Bandana (Vermont Massachusetts). El acuerdo al que se llegó facilita la alimentación sostenible del Fondo Zorzal: las empresas chocolateras pagan 450 US$ más por cada tonelada de cacao que se compra. Ese surplus alimenta el fondo con lo que se garantiza la sostenibilidad para el pago inicial de estos productores que entran en el Plan Vivo.

Reserva Privada el Zorzal (República Dominicana)Ese surplus es el choco-carbono. El aliciente de las empresas chocolateras es que además de poder vender un producto orgánico, venden el hecho de conservar una especie amenazada y al mismo tiempo de luchar contra el cambio climático, ya que el bosque que se conserva captura carbono contra el calentamiento global y protege la diversidad biológica.

Una experiencia que ha sabido aunar múltiples enfoques, actores de diferentes sectores, disciplinas y nacionalidades y que sigue atrayendo nuevas ideas innovadoras. Porque el objetivo final es ampliar esta experiencia y poder crear un corredor biológico en la cordillera septentrional que una las diferentes reservas (Salcedoa, Quita Espuela, Guaconejo y Zorzal) desconectadas en la actualidad. 

La conservación de este ecosistema permitirá a las especies amenazadas seguir prosperando, pero también, seguirá haciendo posible la producción de servicios ambientales como la producción de agua, oxígeno, suelo, o la captura de carbono, todos esenciales para nuestra supervivencia como estado isleño.

 

 

 

Por: Cristina Iglesias